Diputados de ultramar: siete curules sin representación efectiva
Los diputados de ultramar son una figura que, en la práctica, no ha logrado cumplir su propósito. Esa es la realidad incómoda que el Congreso evita discutir.
Desde 2012, República Dominicana mantiene siete curules para representar a la diáspora. Trece años después, el balance es cuestionable.
Baja legitimidad electoral
En las elecciones de 2024, la participación en el exterior fue inferior al 20% del padrón, y en Europa ni siquiera alcanzó el 15%. Con esos niveles, muchos legisladores llegan al Congreso con unos pocos miles de votos en comunidades de cientos de miles de dominicanos, lo que debilita su legitimidad representativa.
Desconexión con la diáspora
Aunque fueron creados para representar a los dominicanos en el exterior, varios de estos diputados desarrollan su vida política principalmente en Santo Domingo. Esto genera una brecha con los problemas reales de la diáspora, como la revalidación de títulos, acceso a pensiones, servicios consulares o el costo de las remesas.
Resultados limitados
La producción legislativa enfocada en la diáspora ha sido escasa. Más allá de declaraciones o gestiones puntuales, no se percibe un impacto sostenido en políticas públicas que respondan a sus necesidades.
Costo vs. impacto
El mantenimiento de estas curules implica un gasto público significativo en salarios, viáticos y estructura de apoyo. La crítica no es solo el costo, sino la falta de resultados proporcionales a esa inversión.
Distorsión en la representación
Existe también una desigualdad en el peso del voto. Mientras un diputado nacional requiere decenas de miles de votos, uno de ultramar puede alcanzar una curul con mucho menos respaldo, lo que plantea dudas sobre la equidad del sistema.
¿Eliminar o reformar?
La diáspora dominicana aporta miles de millones de dólares en remesas y tiene un peso económico y social clave. Por eso, más que ignorarla, el debate debería centrarse en cómo mejorar su representación: fortalecer el voto en el exterior, exigir residencia efectiva, crear mecanismos de rendición de cuentas o rediseñar el modelo.
El problema no es la idea de representar a la diáspora, sino cómo se está haciendo. Y ahí es donde está la discusión pendiente.